¿Son legales las sociedades truchas?

Abrir una sociedad trucha con el objetivo de defraudar IVA está muy perseguido y puede tener muchos problemas si desarrolla este tipo de actividad delictiva. Las “sociedades truchas” son conocidas en inglés como “missing trader”. 

Aunque posiblemente no te suene demasiado este término, los inspectores de las agencias de impuestos son grandes conocedores de las “sociedades truchas”, como bien las han bautizado ellos mismos. 

Lo cierto es que la analogía del nombre es bastante acertada para definir la operativa real de las sociedades truchas que, como veremos con mayor detenimiento en los siguientes párrafos, nacen para realizar compras intracomunitarias de gran volumen no sujetas al impuesto sobre el valor añadido, vender la mercancía a una o varias sociedades “pantalla” sin ingresar el IVA correspondiente y desaparecer cuando toque realizar la liquidación fiscal de impuestos. 

Así de escurridizas son estas sociedades trucha. Además, por la regla general, la sociedad trucha forma parte de un entramado aún más complejo de estructuras empresariales dedicadas al fraude del IVA que se conoce como fraude del carrusel de IVA. Veamos ahora con detalle cuál es la estructura y el funcionamiento de estas sociedades trucha y cómo las agencias fiscales luchan para darles pesca.

Estructura de una sociedad trucha

Como describíamos antes de forma generalizada, una sociedad trucha es aquella sociedad creada para defraudar en las adquisiciones intracomunitarias aprovechando que estas compras entre los países miembros de la Unión Europea no están sujetas al IVA. 

Las sociedades trucha en sí mismas no presentan una estructura empresarial real, ni tienen infraestructura ni empleados. Digamos que son empresas de “papel mojado” registradas bajo el nombre de unos testaferros insolventes para evitar responsabilidades penales, que como hemos visto en alguna trama desmantelada, han resultado en algún caso ser mendigos sin hogar utilizados por los ideólogos de estas operaciones. 

La sociedad trucha con frecuencia aparece ligada al fraude carrusel de IVA y no es de extrañar que las organizaciones criminales estén detrás de ella. Las sociedades trucha tienen una vida muy corta, ya que nacen, se lucran y mueren antes de rendir las correspondientes cuentas con las agencia de impuestos, aunque en caso de hacerlo, las agencias de impuestos no tendría nada de dónde cobrar puesto que no habría nada en posesión de las mismas. De esta forma, aparecen y desaparecen sin ton ni son para lucrarse de las arcas públicas al no ingresar los impuestos a las que estarían obligadas por ley. 

Además estas empresas estarían ayudando a la aparición de una competencia desleal dentro del sector en que operan. Al comprar sin IVA y guardarse el IVA repercutido en las ventas a las empresas “pantallas”, estas empresas están en condiciones de vender a menor precio al consumidor final o a una tercera empresa, y además solicitar la devolución de su IVA soportado. Ante esta realidad, los negocios que compran y venden legalmente soportando y repercutiendo su IVA se ven desplazados e incluso expulsados del mercado. No obstante, en ocasiones hemos visto que incluso esta mercancía intracomunitaria es ficticia, únicamente real en las facturas falsas o en las cajas vacías que las sociedades trucha ponen en circulación para dar vida a su estructura fraudulenta.

Funcionamiento de una sociedad trucha

Para entender cómo funciona una sociedad trucha primeramente deberíamos explicar la operativa de las transacciones intracomunitarias, porque es ahí donde se encuentra la razón de ser de las sociedades trucha. 

Actualmente, en la Unión Europea no existe una armonización fiscal ni un sistema único en cuanto a esta materia, es decir, cada estado miembro es dueño de establecer el tipo de gravamen que crea oportuno para las diferentes clases de impuestos, de acuerdo a su política fiscal nacional. De esta manera, vemos cómo cada país de la Unión Europa muestra un tipo diferente de IVA. 

Antes esta situación es difícil fijar un sistema de liquidación justo. Si bien nos guiamos por el Acta Única Europea que estipula un mercado único con libre circulación de mercancías entre los estados miembro, las transacciones intracomunitarias no operan de la forma lógica que podríamos pensar: el vendedor de la mercancía repercute el IVA en factura al comprador; el vendedor ingresa su IVA en su país y el comprador solicita la devolución en el suyo. 

Evidentemente, esto no se ha llevado a la práctica porque los países netamente importadores acabarían devolviendo un IVA por el que no han recibido ningún ingreso como contrapartida, mientras que los países exportadores verían sus arcas incrementadas sin tener que devolver ningún impuesto como contrapartida. Así, entró en funcionamiento el sistema actual con el que el adquiriente de la mercancía compra sin IVA para posteriormente auto-repercutirse y deducirse simultáneamente el impuesto en su liquidación trimestral. 

Este vacío es donde entran en juego las sociedades truchas. Si las transacciones intracomunitarias funcionasen igual que las exportaciones, los importadores deberían declarar y pagar el IVA en la misma aduana, deduciéndose más tarde en su liquidación trimestral, lo que evitaría el fraude. Sin embargo, las sociedades truchas nacen para lucrarse de estos huecos aún por resolver de la Unión Europea. 

En definitiva, la sociedad trucha, una vez se crea según hemos comentado en el párrafo anterior, se dedica en su corto periodo de vida a adquirir mercancías en grandes volúmenes en otro país de la Unión Europea. Como hemos visto, compra sin IVA y su mercancía tampoco es inspeccionada por las autoridades aduaneras. Seguidamente, vende esa mercancía a una o varias empresas “pantalla” repercutiéndoles el IVA correspondiente, pero sin ingresar un euro, puesto que antes de que llegue el periodo de liquidación trimestral la sociedad trucha habrá desaparecido. Su beneficio será un 21% del importe total de la mercancía. Si esto lo aplicamos a un gran volumen de compras, el beneficio puede ser abismal. 

Por su parte, la empresa “pantalla”, que forma parte de la misma trama, adquiere sus productos de las sociedades trucha prácticamente a precio de coste, pudiendo luego revenderlas con un mayor margen. Estas empresas “pantalla” actúan con normalidad ante el Fisco, declarando sus impuestos reglamentarios. Su objetivo es camuflar la conexión entre las sociedades truchas y las empresas finales del entramado que conformaría el fraude carrusel de IVA.

Agencias fiscales a la pesca de sociedades trucha

Como es fácil imaginar a simple vista, el fraude al que pueden llegar a incurrir las sociedades trucha se cuantifica en muchos millones de euros, que suponen un gran perjuicio para las arcas públicas del país. 

Es por ello, que los inspectores de las agencias fiscales tratan de luchar contra este fraude, solicitando la colaboración de otros organismos nacionales e internacionales, como las aduanas, e incluso comunitarios, conectando las administraciones tributarias de otros países europeos. Sin embargo, aunque han sido capaces de interceptar un cierto número de sociedades truchas, también es cierto que tan pronto una muere otra está viendo la luz del sol. Hablamos de cientos o miles de estas empresas que cada vez están más especializadas y jerarquizadas. 

Por su parte, los gobiernos en la Unión Europea ha mostrado su interés en poner fin a esta serie de tramas de corrupción, con las nuevas reformas fiscales contra el fraude. Entre otras cosas, se facilita la denuncia inmediata una vez se alcance la cuantía mínima de evasión permitida, se agrava el delito si el fraude es cometido por una organización criminal y se prevé un paquete de medidas para dificultar el desmontaje de las sociedades trucha al iniciarse la inspección o al presentarse la denuncia. 

Recordemos que de todos los países europeos, Reino Unido es uno donde el impuesto sobre el valor añadido es más alto, por tanto mayores serán las ganancias para las sociedades trucha y las organizaciones criminales que se esconden tras ellas. Estas sociedades muestran predilección por los productos de informática, telefonía móvil y los hidrocarburos. 

Todo ello ha dado como resultado que Reino Unido sea el primer país europeo, por detrás de España, el país más afectado por el fraude carrusel del IVA, un entramado de corrupción que, como ya hemos mencionado, se nutre fundamentalmente de la existencia de este tipo de sociedades. Aunque las agencias de impuestos se esmera con ahínco en desmantelar estas empresas fraudulentas, lo cierto es que no se trata de una tarea nada sencilla. 

La existencia de las empresas “pantalla” desvirtúa el funcionamiento de las trucha, y cuanto mayor sea el número de pantallas existente en la estructura empresarial del fraude más complicado será para los inspectores dar con la actividad ilícita de la trucha.