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¿Cómo ser un buen inversor?

¿Cómo ser un buen inversor? - offshore.finance

Inversiones en paraísos fiscales

Invertir en un paraíso fiscal depende de 6 factores fundamentales:

  • 1. Casi todos los países, excepto donde reside habitualmente el cliente, pueden considerarse paraísos fiscales. Dicho de otra manera, un paraíso fiscal puede ser cualquier sitio excepto la jurisdicción donde uno vive, trabaja y obtiene ingresos regulares.

Curiosamente, nuestro país de residencia puede ser un paraíso fiscal para otras personas, turista o jubilados, que viven en España de forma casi permanente sin ningún control de la Hacienda de su país o de la nuestra. En los últimos años, y con el fin de atraer profesionales de alto nivel e inversiones extranjeras, España ha suavizado la tributación de los no residentes como se verá a continuación.

Los paraísos fiscales presentan ofertas y peculiaridades muy diversas: unos son buenos para constituir empresas, otros para utilizar sus servicios bancarios, otros para invertir desde ellos y algunos para residir. Uno de los pasos iniciales para empezar a invertir en los paraísos fiscales es estudiar sus peculiaridades para valorar cuál es, entre ellos, el que mejor se ajusta a cada uno.

El concepto de un paraíso fiscal se separa cada vez más de la imagen de isla recóndita, pequeños principados y países bananeros. Reino Unido, Holanda, Bélgica y España pueden ser paraísos fiscales adecuados en determinadas circunstancias para cualquier inversor internacional. Reiteramos que la mayor parte de los países considerados como fiscalmente hostiles han desarrollado o están desarrollando más y más nichos o abrigos fiscales para empresas que quieran establecerse en ellos, en condiciones muy ventajosas. No existe, por otro lado, ningún paraíso fiscal a prueba de cualquier contingencia. Las grandes naciones, de muy distintas formas, pueden influir sobre el territorio offshore en concreto. No obstante, hay también diferentes maneras de mitigar estas influencias.

  • 2. Por algunos de los motivos, todos ellos importantes y algunos frecuentes, lo razonable es que, a partir de una determinada cantidad de dinero disponible, cualquier persona, en previsión de lo que pueda pasar, deberá considerar el poseer una cuenta, en forma de inversión, con fondos en un paraíso fiscal, el territorio fuera de la jurisdicción donde reside y desempeña sus tareas profesionales.

Todas las personas del mundo civilizado están rodeadas de amenazas económicas (problemas fiscales, quiebras, recesión económica), políticas (terrorismo, confiscación) y legales (dernandas por responsabilidades profesionales, divorcio). Algunas de estas amenazas aparecen rápidamente y de forma imprevista. Se ha calculado que unas tres veces en la vida de una persona ocurren este tipo de acontecimientos. Vivimos en un mundo de incertidumbre, donde lo único seguro es el cambio. El planteamiento y utilización de una estructura de inversiones en los paraísos fiscales requiere tiempo y una adecuada planificación y no deberla esperar a hacerse cuando se necesite de forma urgente.

  • 3. El consejo más fácil de dar y más difícil de seguir: mantener una vida discreta donde uno vive y trabaja.

Como norma general, uno debe comunicar a nadie nada acerca de su inversión en un paraíso fiscal. Igualmente, no hay que dar la impresión de que se posee mucho dinero. Al mínimo atisbo o señal de peligro, por ejemplo el que se pueda sufrir una reclamación legal, se percibe claramente la conveniencia de no haber informado a nadie de la existencia de fondos en un paraíso fiscal. Es precisamente el conocimiento de que se dispone de medios en el exterior, o la simple sospecha de ello, un criterio que utilizan los jueces para decretar la prisión incondicional sin fianza en demandas graves, además de retirar el pasaporte. La mejor protección, insistimos, es llevar una vida discreta. Es éste realmente un consejo contra natura, que desafía tanto nuestros impulsos más básicos como los principios generales del comportamiento social y económico actual. Sin embargo debería evitarse el alardear de riqueza. La discreción, y la protección derivada de ella, es un valor superior a cualquier esquema complejo de ocultación de las inversiones en los paraísos fiscales.

  • 4. Cuando se busca privacidad debe tenerse en cuenta que nunca existe un secreto bancario absoluto.

Lo que hay en realidad son diferentes procedimientos que garantizan un alto grado de encubrimiento de las operaciones bancarias y dificultan la detección del auténtico titular. La mayor garantía de confidencialidad se obtiene separando las cuentas, inversiones y operaciones bancarias locales de las exteriores, realizadas en los paraísos fiscales. La separación es completa, sin rastro electrónico, de papeles y sin conexión entre una y otra. Esta confidencialidad se refuerza si no se utilizan intermediarios y no se habla de ello con nadie. Aunque un mínimo de asesoramiento puede ahorrar el cometer errores importantes, conviene si es posible hacer todas las operaciones bancarias por sí mismo. Ponerse en manos de banqueros locales o de abogados y expertos internacionales aumenta la exposición pública (ya que hay más personas que saben las cosas) y, especialmente, los gastos.

  • 5. Los negocios financieros y el éxito de una inversión en paraísos fiscales se apoyan en la relación de confianza entre el profesional y su cliente.

Los bancos y los banqueros con los que se trabaje deben inspirar confianza, ya que está en juego el dinero del cliente. Las relaciones personales son importantes no sólo por la confianza, sino por el mutuo conocimiento. Los profesionales con los que se trabaja deben conocer los deseos, inquietudes y manera de ser del cliente. Recíprocamente, éste debe conocer bien a los responsables y la manera de proceder de los bancos y empresas de inversiones cuyos servicios utiliza para invertir en los paraísos fiscales.

Debe hacerse el máximo esfuerzo en escoger buenos profesionales y buenos bancos y, siempre que se pueda, en diversificar los riesgos. En gran parte de las ocasiones, el seguimiento de las inversiones en paraísos fiscales es un proceso bastante activo. Exige una monitorización más o menos continua de las operaciones y de la situación financiera. En otras ocasiones, como en el caso del inversor "perezoso" que se limita a invertir su dinero en un fondo y "olvidarse" de ello, la actividad requerida no es mucha aunque sí periódica, pero conlleva un precio que, con algo de suerte y planificación, no necesita ser muy elevado. Internet ayuda a realizar muchas operaciones desde casa y con un coste mínimo, aunque sin olvidar que la red no es segura.

  • 6. Las condiciones sociales, políticas y económicas son cambiantes: en nuestro propio país, en los paraísos fiscales y en todo el mundo.

Por ejemplo, España era casi un paraíso fiscal completo hasta que a finales de los años 70 comenzó la regularización y modernización impositiva del país. Como hemos mencionado antes, aun así éste puede ser un buen paraíso fiscal para muchos residentes extranjeros y sus inversiones. En general, este tipo de territorios son lugares de gobierno muy estable o, aun siendo inestable procuran que no cambie nada para el inversor no residente. Sin embargo, aunque el país sea muy estable las condiciones bancarias y la legislación sobre inversiones pueden variar casi de la noche a la mañana. Por ejemplo, en Suiza, un paraíso fiscal de conocida estabilidad política y social, se han producido cambios importantes en los últimos años que han alterado en parte su atractivo para los inversores y depositarios de fondos.

Los paraísos fiscales están sujetos, fundamentalmente, a cambios en la legislación, la mayoría de los cuales obedecen a la ampliación de servicios que ofertan, a la introducción acelerada de procedimientos más estrictos de control de las actividades financieras y contra el blanqueo de dinero y a la tendencia a encarecer las tarifas. Hay que estar despiertos y reformados para poder reaccionar a tiempo ante cualquier eventualidad. Es recomendable consultar la prensa internacional, las noticias económicas y conocer los cambios políticos a escala mundial para preservar mejor los bienes y verlos crecer. Igualmente ayuda el conocer de primera mano estos paraísos fiscales y el visitarlos siempre que se pueda. Dado que muchos de ellos son zonas turísticas, puede combinarse el ocio y la planificación financiera de inversiones durante unas vacaciones.

En cualquier caso, éste es un mundo de cambios y como dice la sabiduría popular: "para estarse quieto hay que correr". El cambio continuo nos dice también que es bueno buscar el consejo de profesionales.

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